Cinco años que lo cambiaron todo - De la supervivencia a la expansión consciente
Nunca había contado esta historia completa.
Tal vez porque durante mucho tiempo no estaba lista.
Tal vez porque cuando estás en medio del fuego, no hay espacio para narrar: solo para resistir.
Hoy, cinco años después, puedo mirarla con otros ojos.
Y entender que todo lo que vivimos nos trajo exactamente hasta aquí.
Once upon a time in Pandemia…
Marzo de 2020.
El mundo se detuvo.
Nos mudamos con mi familia a una finca en Chame. Éramos doce personas bajo el mismo techo.
Mientras tanto, mi equipo —en su mayoría extranjero, sin familia en Panamá— quedó encerrado en sus casas, sin trabajo, sin sueldo y sin saber qué iba a pasar.
No te voy a mentir: fue durísimo.
Pero había algo que tenía absolutamente claro:
no iba a dejar a mi gente sola.
Los llamé uno por uno.
No con un plan perfecto, sino con una intención firme: reconectar y buscar una salida en medio de lo absurdo.
Una de mis modistas, Marelis —un personaje mitológico con carácter de novela— me confesó después que el día que la llamé estaba acostada en el piso de su cuarto, en forma de cruz, rezándole a Dios que si tenía que vivir encerrada y sin trabajo… que se la llevara al más allá.
Hoy nos reímos.
En ese momento, todo era puro drama.
La improvisación que nos salvó
Conseguí telas antifluido gracias a una amiga.
Decidimos fabricar mascarillas.
Movimos las máquinas del atelier, la mesa de corte, todo, y las repartimos en las casas de los colaboradores para que pudieran trabajar desde ahí.
José, nuestro jefe de taller, tenía la mesa de corte y todas las telas en su casa.
Yo le enviaba los diseños.
Él hacía la moldería, cortaba y distribuía los cortes a las modistas para ensamblar.
La casa de mi amiga Marianella —Nena— se convirtió en el centro de acopio.
Y el mensajero, un motorizado apodado “el Gringo”, iba y venía sin parar.
Con el tiempo, gracias a las reparticiones, logró comprarse un carrito.
Economía real, humana, circular… sin saberlo.
Escena inolvidable:
el Gringo llegaba a casa de Nena y antes de entrar era recibido por un sistema artesanal de fumigación de alcohol que lo rociaba de pies a cabeza.
Luego, las mascarillas se clasificaban, se armaban los paquetes… y salían nuevamente a delivery.
¿Quién iba a pensar que de vestidos drapeados, encajes y pedrería íbamos a pasar a mascarillas de “alta costura”?
Todos los roles, todos los días
Desde Chame, yo era todo al mismo tiempo:
directora creativa remota,
atención al cliente,
estratega de marketing,
y sí… el banco.
Todos los viernes repartíamos los profits.
Era como la Cosa Nostra, pero con cariño.
La ventaja fue que ya teníamos nuestra plataforma e-commerce montada y el Instagram conectado.
Eso lo facilitó todo.
Sacamos packs, combos, estampados tropicales, black & white, hasta un pack de lujo.
Y poco a poco entendí algo fundamental:
la gente no solo necesitaba protección.
Necesitaba volver a sentirse cómoda, coqueta, viva.
Así, sin plan maestro, nació una nueva forma de crear.
Más resiliente.
Más humana.
Más conectada con la realidad.
El después
Cuando pasó la crisis más dura, no llegó la calma.
Llegó el cansancio.
Entramos en modo “apagando fuegos”.
Y así nos quedamos durante años.
Resolviendo. Reaccionando. Avanzando sin estructura.
En ese camino, perdí a José en agosto de 2025, después de una enfermedad devastadora.
Nueve años de trabajo juntos.
Su rigor, su compromiso y su lealtad siguen presentes en cada decisión que tomo.
Y un día entendí algo con absoluta claridad:
sobrevivir no es lo mismo que vivir.
El punto de quiebre
Lanzar nuestra colección en Estados Unidos en 2024 fue un antes y un después.
No solo fue expansión.
Fue un espejo.
Me recordó quiénes somos cuando trabajamos con intención, estructura y visión.
Y me hizo tomar una decisión: volver a ser estratégica.
Volví a estudiar.
Cursos, libros, podcasts, análisis.
Reconstruir no solo la marca, sino también mi rol como diseñadora, líder y empresaria.
Hoy
2026 no es un cierre.
Es un comienzo.
Hoy puedo decir que todo lo vivido nos preparó para este momento.
Para expandirnos con conciencia.
Para mostrar quién es EG, qué hay detrás y por qué creemos que la moda puede volver a sentirse humana.
Esta historia no busca nostalgia.
Busca contexto.
Porque para entender hacia dónde vamos,
primero había que entender de dónde venimos.
Con amor
EG